Dämon Ethan Velkier


If I cannot bend heaven, I will raise hell.

minding my own bussiness, bringing a silent chaos


NOMBRE: Dämon Ethan Velkier.
NACIMIENTO: 14-05-1999
ESPECIE: Demonio.
RASGOS: Filosos y bastante amenazantes. El color de sus ojos varía en marrones cuando su apariencia es humana, y rojos cuando su transformación es completa.

FORMA DEMONÍACA: Perro albino gigante.
STATUS: Sangre Pura.
OCUPACIÓN.: Bartender y músico.
PERSONALIDAD: Reservado y más bien silencioso a menos que se encuentre con personas de confianza. No pierde los estribos rápido pero si lo hace, you better run for your life.

About me.

demon: noun. an evil spirit or devil, especially one thought to possess a person or act as a tormentor in hell.

Habilidades:

Fuerza y Velocidad: Por supuesto, gracias a su condición demoniaca posee una fuerza y velocidad extraordinariamente desarrolladas, llegando incluso esta última al punto de verse su movimiento casi invisible a la percepción humana.

Telepatía: Sólo entre los integrantes de su familia. Su padre y su madre pueden comunicarse con él mediante pensamientos así como también invadir su mente, y viceversa. (Para evitarlo o bloquear sus pensamientos requiere de bastante control y por lo general, lo deja exhausto).

Regeneración: Tiene la habilidad de sanar sus heridas incluso en segundos sin que quede cicatriz visible, esto no aplica a heridas causadas por otro demonio, es por este motivo que las marcas de los ataques de su padre perduran en su cuerpo.

Poder demoniaco: Sin el talisman que por lo general oculta su presencia, es capaz de ser notado a bastante distancia por cualquier criatura, además, en algunas ocasiones incluso puede contorlar a otro demonio con su propio poder.

Veneno: Puede producir veneno, sí, aunque por lo general ocurre solo cuando su transformación es completa, sus garras se envuelven en veneno para hacer más efectivos sus ataques.

Forma real: Por supuesto, puede "transformarse" en su forma de demonio, un perro gigante albino con ojos rojos, y un símbolo de media luna en su frente, mismo símbolo que posee su talisman. No suele entrar mucho en esta forma puesto que no hay oponentes que lo lleven a usarla más que su padre.


Dämon's past.

La definición dada naturalmente a la palabra "demonio" era bastante debatible puesto que había sido formada por los humanos luego de diversas y muchas veces más que fantasiosas historias basadas en hechos no siempre cien por ciento reales. Pocos se tomaban el verdadero trabajo de investigar de donde provenía aquel significado, como difería dependiendo la religión y las culturas, como pasaban de ángeles caídos a seres neutrales para nada partidarios del odio y la maldad y de allí a bestias dignas de cultos y ofrendas. Pero no es exactamente está definición lo que se busca esclarecer aquí.

Dämon era un demonio, uno que había crecido bajo el techo de un orfanato, rodeado de humanos que, incluso aunque no supieran la verdad, intuían y evitaban su presencia. Su ceguera respecto a su real procedencia había atormentado toda su infancia, apenas con imágenes borrosas de su nacimiento en la mente, creía vislumbrar un par de ojos rojos acechándolo a cada instante, cada noche. Lo único que poseía de sus reales padres era su apellido y un colgante, con un dije de medialuna, uno que le negaban a quitarse sin que, a su corta edad, entendiera el por qué. Los por qué eran un martirio en su día a día. ¿Por qué estaba allí? ¿Por qué no era normal? ¿Por qué lo rechazaban y se asustaban de él? ¿Por qué podía hacer cosas que los demás no? Y es que, aún a pesar de saberse diferente, Dämon no aceptaba su real condición demoníaca, nadie se la explicaba tampoco.

A pesar de todo esto, continuó su vida lo más normalmente posible, llegando incluso a entablar relaciones amistosas con algunos chicos de su instituto pero siempre siendo el tímido, aislado y raro del grupo. Encontró un modo de desahogarse de aquello en la música y en las artes marciales, escribiendo canciones, componiendo melodías en piano que gritaban lo que él aún no podía (ni quería) entender y descargando su más que gran energía en acrobacias y tomas. Sin embargo, era imposible una vida de rosas en alguien como él.

El "reencuentro" con su padre no sucedió mucho después. Al cumplir la mayoría de edad, se liberó por fin de aquel lugar donde había crecido, trabajando medio tiempo en un bar para sostener su nuevo hogar mientras intentaba continuar sus clases de conservatorio, lo que dejaba su tiempo reducido a cero y su estrés por los aires. Siempre había tenido un problema con su genio, perdía los estribos demasiado rápido y se conocía bastante bien como para saber cuando su límite era alcanzado, porque en más de una vez había roto algún hueso de manera inconsciente y más de una vez había presenciado la mirada aterrorizada de alguien al verlo acercarse. No se sentía orgulloso pero tampoco le podía importar menos su efecto en personas que no conocía.

Bastó un solo día de rabia, de lanzar aquel colgante lejos porque de qué le servía guardar un recuerdo de personas que claramente no querían saber de él, para que todo se saliera de control. La risa de su padre en su mente y la siguiente punzada en su cabeza fueron suficiente para dejarlo de rodillas en el suelo, totalmente debilitado.

"¿Qué mierda has estado haciendo estos años, Dämon? ¿Crees que puedo presentarte siendo así de débil? Que vergüenza."

Las primeras palabras de su padre no fueron justamente caricias, ni sus acciones tampoco porque poco despues de aquello se vio elevado en el aire y lanzado contra una de las paredes de su hogar por la figura que había aparecido de la mismisima nada.

"Tienes mi sangre, uno de los demonios más respetados y más poderosos del infierno, no dejaré que tu debilidad me de mala reputación, entrenaras conmigo de ahora en más, te convertiras en lo que soy y no te atrevas a decir que no o no tendré problemas en conseguirme otro descendiente, ¿me entiendes?"

Protestar era todo lo que quería hacer, ¿quién era él para venir a ordenarle cuando había estado ausente toda su vida?, pero en sus ojos, los mismos que recordaba de su nacimiento... su mirada era odio, era dolor, era sufrimiento, era caos, era ahogarse en el mar de sangre que él había provocado por siglos y Dämon estaba aterrorizado, era la primera vez que sentía real miedo en toda su vida.

El entrenamiento con Garret Velkier era una sesión de tortura del peor escenario que se pueda imaginar, llegando a sufrir heridas incluso en su forma demoniaca y recibir castigos cada que era considerado débil. Se rebeló dos años después, luego de haber aprendido a entrenar y controlar sus habilidades, simplemente retirandose del lugar pero siendo completamente diferente. No, no solo físicamente y no por sus ideales, no sería un demonio como su padre, no disfrutaría del dolor causado pero su personalidad sí se había visto afectada, puesto que ahora era más fría, más dura, más cerrada, menos sentimientos, siendo solo pocos los verdaderos conocedores de su parte más suave. Él solo era algo que su padre quería ostentar y que no descansaría hasta lograrlo... pues el señor Velkier iba a entender muy pronto que él tampoco descansaría hasta enviarlo de manera permanente al mismísimo infierno.

[ I'll be updating flashbacks later. !¡ ]

Coming Back.

La apurada muchedumbre que buscaba llegar rápidamente a sus hogares bajo la fría noche abarrotaba las calles, pero cierta figura parecía no reparar en aquel movimiento… así como nadie parecía reparar en él. Dämon regresaba a su hogar luego de haberse autoexiliado por propia decisión a un lugar incluso peor que el mismísimo infierno: la casa de su padre. Mascarilla negra cubriendo parte de su rostro y la capucha de su chaqueta del mismo color cubriendo por completo su cabeza, era casi como una sombra moviéndose silenciosa y sigilosamente por las calles hasta su tan anhelado hogar. Para su suerte, no estaba demasiado lejos.

El interior de su casa se encontraba igual de frío y oscuro que fuera, sin la cálida bienvenida que por lo general le proporcionaba su pequeño cachorro Max ahora bajo el cuidado de Yeon a quien aún no había avisado siquiera de su llegada por lo que aún no había pasado a buscar al canino. De hecho, no había avisado a nadie que desaparecería unos días, mucho menos a su hermano, era consciente de que no lo hubiese dejado siquiera salir de su casa… tan solo esperaba que no se hubiera molestado por ello.

Recorrió el lugar sin molestarse ni en encender las luces ni en prender el calefactor, siguiendo el pasillo correspondiente hasta el cuarto, tomando su pantalón de pijama y regresando su andar hasta el baño para tomar un merecido baño. Sus entumecidos músculos agradecían el impacto de las tibias gotas de agua contra su piel; Dämon siempre se llevaba al máximo en sus entrenamientos, por eso también se aislaba a lugares donde no hubiese nadie a quien lastimar si llegaba a perder el control, pero entrenar con su padre era algo de otro nivel puesto que su poder era muchísimo mayor al propio, era como una mosca buscando vencer a un dragón.

Pero lo necesitaba, había necesitado condenarse a aquella tortura porque de otra forma hubiese continuado martirizandose con su propia mente hasta quedar reducido a nada. Odiaba a su padre, creía que cualquiera que lo conociera lo suficiente lo sabría, y estaba claro que su padre lo odiaba a él, porque era un demonio con todas las letras, un ser aborrecible que odiaba cualquier presencia que no fuese demoníaca y que consideraba débil cualquier tipo de sentimiento terrenal, incluso dudaba que se hubiera unido a su madre por amor y no solo para mantener el linaje de sangre pura. Como sea, con él, no se le estaba permitido llorar, no se le estaba permitido sentir, no se le estaba permitido pensar (porque su mente era dominada en un cien por ciento por el demonio mayor y ante el mínimo desliz podría caerle un castigo incluso peor), con él, debía comportarse como el hijo que lo haría sentirse orgulloso y no como el que le daba vergüenza y actuaba rebelde. Un completo martirio. Aún así, se las había apañado para visitar a cierta persona a la que había prometido recuperar sin importar qué, dejandole pequeños detalles, haciendo lo posible por bloquear su mente de su padre de manera que no reparara en su aparente “debilidad”.

Pero al fin había terminado. No necesitaba haberle dicho a su padre que se iría, el mayor no tenía una pizca de paternidad para con él, simplemente cuando creyó que era suficiente castigo, se esfumó de su mansión para regresar a su hogar, donde se encontraba ahora, secando su cabello con una toalla al salir del cuarto de baño y entrando a su habitación, donde efectivamente encendió el interruptor de luz para verse, frente a frente, con el reflejo propio en el espejo… soltando un suspiro de resignación al hacerlo.

Su ahora mucho más tonificado y formado torso se hallaba magullado, con cicatrices de garras en su costado izquierdo y su brazo derecho, una reciente y aun rojiza quemadura debido al veneno que su padre poseía y que corría por sus propias venas en parte de la piel de su abdomen y una infinidad de moratones por su espalda, que, aunque no pudiese ver, sabía que estaban allí, porque dolían demasiado. Sí, las celulas de su cuerpo se regeneraban rápido, heridas causadas por instrumentos o golpes humanos desaparecían en una fracción de segundo, pero heridas causadas por otro demonio y más poderoso que él… con esas no tenía la misma suerte. Su vista subió hasta encontrarse con el propio rojo sangre de sus orbes devolviendole la mirada, no solo su cuerpo había cambiado por el arduo castigo, su rostro constaba de rasgos mucho más filosos ahora, una mirada mucho más amenazante y un control mucho más eficiente de sus poderes. Su velocidad y fuerza habían aumentado de sobremanera y tenía control completo sobre su propia ponzoña, llegando incluso a emplearlo al cien por ciento en su forma completa.

El talismán en forma de media luna que mantenía oculta su energía demoníaca para cualquiera emitió un destello, lo que lo sacó de sus pensamientos nuevamente, yendo directo a tomar unas vendas, sin detenerse a desinfectar ninguna herida, comenzando a cubrir la mitad de su torso, todo su abdomen, allí donde más dañado estaba, con la misma. La única razón por la que se preocupaba por aquello era porque no quería que empeorara, no necesitaba un motivo más para atormentarse, de momento, había regresado decidido a continuar intentando reparar el daño que había causado, poco le importaba su propio cuidado y nadie tenía por qué enterarse del tormento que era su padre, ya se encargaría él mismo del mayor en cuanto sus poderes se encontraran al cien por cien, después de todo, seguía siendo su hijo, llevaba su misma sangre y era mucho más joven, unos cuantos siglos más joven, la fuerza a veces ganaba a la experiencia.

Se dejó caer en la cama, cerrando sus ojos casi de inmediato, sin querer hacer nada más hasta que amaneciera y pudiera continuar con sus tareas, esperando que por una vez, la suerte le sonriera al menos un poco.

Eclipse (Part One)

El sonido de su respiración agitada se mezcló con el de las hojas danzando junto al viento a su alrededor, llevaba poco más de cinco horas entrenando en aquel acostumbrado páramo a las afueras de la ciudad, lejos de cualquier tipo de distracción o intromisiones que pudiesen acabar muy mal para con quién intentara cruzarse en su camino y aún así, se sentía como si apenas hubieran pasado minutos. Si bien había estado alejado de todo aquello por un buen tiempo debido a inconvenientes más allá del alcance de sus manos, el regresar y volver a aflorar aquellos instintos demoníacos que vivían dentro suyo era una caricia para su alma, por más que quisiera, no podía negar su propia naturaleza, y si quería cumplir sus dos objetivos principales en la vida y dejar de tener extraños presentimientos producto (esperaba) de ciertos temores anclados en su mente, debía llevar su entrenamiento al máximo y así poder utilizar su poder al máximo.

Dejó caer sus párpados, concentrándose por completo en amplificar sus sentidos, preparado para atinar un buen golpe a su siguiente “enemigo” cuando escuchó un peculiar sonido no muy lejos de allí, aunque no exactamente hacia el lado donde los humanos se encontraban, lo que lo hacía particularmente tenebroso, en cualquier caso; el sonido se repitió momentos después, era un llanto, uno agudo, desconsolado... definitivamente nada que fuese de ayuda para concentrarse por lo que, dejando escapar un molesto bufido, recorrió la distancia en un rápido parpadeo hasta donde provenía dicho casi aullido desesperado, encontrando una escena para nada agradable y poco esperable: a pocos pasos de su lugar, podía observar a dos demonios corpulentos y grotescos soltar sonoras carcajadas, producto de la diversión que se encontraban teniendo en aquel momento al patear y rasgar lo que parecía una especie de saco a sus pies… un saco que lloraba y suplicaba porque lo dejaran vivir, un saco que estaba vivo, y no era nada más ni nada menos que un niño de al parecer no más de nueve años de edad, acurrucado, tratando de cubrirse como podía con sus pequeños brazos su ya magullado rostro.

—Oigan, ¿que nunca aprendieron a no jugar con la comida? —Habló, frunciendo el ceño y reclinando el peso de su cuerpo contra el árbol que tenía a su derecha. Aquellos eran demonios idiotas y nada precavidos porque poco habían reparado en su presencia a pesar de que había permanecido varios segundos allí y su aroma era, ciertamente, temido por muchos.

—¿Quién eres tú, por qué no te ocupas de tus asuntos? ¿Es que quieres convertirte en nuestra cena también?

Ambos se voltearon hacia él, uno de ellos, el que parecía el más valiente, era el que se había enunciado, intuyendo que su actitud y tamaño lo haría salir corriendo. Sin embargo, una ladina sonrisa se formó en su rostro al ver cómo, al contrario, su acompañante parecía observarlo con cierto terror, podía oler su miedo, lo que le causaba cierta satisfacción, al menos uno de ellos parecía ser inteligente.

—¿Por qué no le preguntas a tu amigo? Creo que le han dado el cerebro que te falta a ti, idiota. —Con calma, adelantó sus pasos hasta salir de la sombra que le era brindada por aquel árbol en donde se hallaba anteriormente reclinado, quedando sus rojizos orbes observando sin una pizca de suavidad a la criatura frente a él, la cual tardó apenas una fracción de segundo más en entender la situación, en especial al recibir un rayo de sol el talismán en forma de media luna que colgaba de su cuello.

—Ese símbolo… ya veo, tu debes ser el crío de Garret, ese sucio impostor… —Parecía que su enojo había crecido particularmente porque su olor había cambiado pero al mismo tiempo, la expresión de su rostro hacía ver como si se hubiera ganado el mayor premio de la lotería.— Qué buena suerte la mía, podré cargarme a su hijo en venganza, ¡mi cena hoy será deliciosa! Haru, tu comete al humano, yo me encargo de este.

Una mueca de desagrado se formó en su propio rostro al escuchar aquellas repugnantes palabras, no era la primera vez que era llamado de aquella forma o perseguido por la misma causa, estaba harto de compartir sangre con ese despreciable ser y llevarse toda la carga de errores que no eran propios. Sin embargo, el tal Haru parecía estar más que encantado con salir airoso de esa situación, por lo que pudo ver como se disponía a acabar con el niño para poder engullir al mismo tranquilamente de no ser porque, en un rápido movimiento, se colocó a su lado y pateó su torso tan fuerte que dejó al mismo estampado contra otro de los árboles que los rodeaban.

—Los únicos que acabarán desapareciendo serán ustedes, han interrumpido mi entrenamiento, así que ahora, serán parte de él. Tú, cierra los ojos, suficiente trauma has vivido ya. —Añadió al final, mirando de reojo al niño que aún temblaba detrás suyo, esperando que acatara sus órdenes para continuar, agradeciendo internamente que el shock en el que se hallaba envuelto no hubiese hecho más complicado aquello. El pobre aún seguía sollozando pero, por lo visto, parecía entender que no acabaría con su vida, así que en cuanto sus orbes estuvieron cerrados, su atención se enfocó en su problema actual.

—¡No te quedarás con nuestra comida! Eres tan arrogante y estúpido como tu padre, una lástima que ni llegues a hacer conocido tu nombre.

—Watch me…

Pudo ver como ambos demonios se abalanzaron de inmediato sobre él pero ya estaba listo para aquello y el único sonido que pudo apreciarse antes de que dos desgarradores gritos surcaran el silencioso páramo fue el de su propia espada al desenfundarse, bastando un rápido movimiento para cortar a uno de ellos a la mitad y acorralar al parlanchín contra el suelo, pisando su abdomen y con su espada a centímetros de la carne de su cuello, deleitandose con la aterrorizada mirada y las absurdas súplicas del mismo al rogarle perdón.

—Mi nombre es Dämon Velkier y mi padre es un imbécil, hazme el favor y esparce el mensaje por el infierno, me temo que pasarás el resto de tus días allí. —Y, sin más, decapitó al demonio con su espada, manchando la misma nuevamente de sangre antes de suspirar ante lo fácil y aburrido de aquella situación, volviendo a guardar su arma luego.

Habría olvidado que aún tenía compañía de no ser por el constante llanto que se hacía cada vez más intenso detrás de él, por lo que dio media vuelta y acortó la distancia hasta aquel humano, acuclillandose para quedar a la altura del mismo en el suelo.

—Puedes abrir tus ojos ya. —Habló en un tono de voz más suave que el que había empleado con los demonios antes, aún así, cuando el niño lo observó, retrocedió asustado de inmediato, reacción a la cual estaba ya acostumbrado, no importa si salvaba vidas, no podía dejar de ser un ser temido.— No voy a hacerte daño, ni a comerte, te llevaré de nuevo con tus padres. —Aseguró aquello, cerrando sus párpados un instante y volviendo a abrirlos, habiendo desaparecido el rojo sangre que adornaba sus orbes para volver al dorado habitual que poseía en su día a día para mezclarse con los humanos. Le llevó un rato el poder convencer al menor que no estaba engañandolo, pero cuando comenzó a creerle, le contó que había estado jugando a las escondidas con su hermana y que había decidido asustarla corriendo al bosque; su tobillo se hallaba totalmente fracturado gracias a los golpes recibidos y sus brazos ahora poseían rasguños que lastimaban su piel.

—No vuelvas a rondar por aquí, estos tontos que te has cruzado son lo menos peligroso que podrías encontrarte.. considera tu día de suerte que haya estado entrenando justo ahora.

Poco después, se encontraba con el niño subido a su espalda en lo que seguía el camino hasta donde se suponía, estaba su familia. Y sí que estaba allí. Junto con dos coches de policía y una ambulancia alumbrando la carretera que ya comenzaba a oscurecer al caer el sol de la tarde. La madre rompió en llanto apenas lo sostuvo en sus brazos nuevamente y pidió desesperada una explicación pero su respuesta fue tan simple como que lo había encontrado ya así y que debían llevarlo al hospital a que trataran sus heridas lo más pronto posible. Sin embargo, una repentina ráfaga de viento helado golpeó su cuerpo, trayendo contigo cierto aroma que heló su sangre por completo y erizó su piel. Para cuando vio la ambulancia desaparecer lejos, regresó por el camino andado con cierta velocidad hasta volver al páramo donde entrenaba, con la oscuridad cerniéndose cada vez más sobre él y la certeza de tener a alguien respirandole en la nuca. Sus pasos se detuvieron una vez allí y entreabrió sus labios, pronunciando unas palabras que cortaron por completo el silencio aplastante que abarcaba el lugar.

—¿Alguna vez dejarás de esconderte en las sombras... padre?

Continuará...

Eclipse (Part Two)

Bastó un simple cambio en el aire a su alrededor para moverse rápidamente, dando un salto hacia su derecha con rapidez, evitando de esta forma estar a punto de ser rozado por el filo de la para él tan usual espada de su padre, viendo finalmente su figura aparecer frente a él. No había forma de negar que era su descendiente y aquello lo asqueaba, aunque era unos cuantos centímetros más alto que él, su padre poseía esos rojizos orbes y afilados rasgos que él mismo había heredado, contextura aparentemente delgada pero músculos bien marcados y exactamente el mismo lunar en el pómulo derecho. Lo único que los diferenciaba y en demasía, era que su padre poseía el cabello bastante largo y de un color claro, pelaje perteneciente a su forma completa y su peste desprendía odio y desprecio, aún helando su sangre con solo posar su mirada sobre él.

—Has podido esquivarme.. interesante, al fin haces algo que no me decepciona. ¿Por qué deshonras a tu sangre salvando vidas humanas? ¿Cuándo entenderás que los humanos no son dignos siquiera de existir?

—¿Has venido especialmente a sermonearme? Porque no es que tenga muchas ganas de soportarte, Garret.

Casi escupió sin una pizca de intención de ser amable con su padre o de llamarlo siquiera una vez más de aquella forma antes de arremeter contra su figura, sabiendo que no tenía demasiada ventaja en un ataque frontal pero aun así desenvainando su espada rápidamente al llegar a él en una fracción de segundo, siendo el aire cortado en lugar del cuello del mayor a quien pudo sentir detrás suyo inmediatamente después.

—Tu pedazo de…

El gusto en el brillo de sus propios rojizos orbes se mostró al mismo tiempo que su ladina sonrisa de orgullo cuando pudo destacar el olor a sangre flotando en el aire, no teniendo más que echar una mirada por sobre su hombro al mayor para vislumbrar el corte en su mejilla izquierda y la furia que comenzaba a emanar más potentemente. Su padre no perdía el control, llevaba siglos siendo uno de los demonios más temidos hasta en el mismísimo infierno, se había ganado aquella reputación de frialdad y cero reacción a sus enemigos pero que gusto era presenciar como su propia sangre era capaz de llegar a él. Su propia confianza había crecido a niveles importantes.

—¿Sorprendido… padre?

El combate real comenzó inmediatamente después, al tener que frenar un nuevo ataque, siendo sus movimientos casi tan rápidos como los ajenos, sus mandobles igual de fuertes y la llama de odio y rencor en sus miradas igual de potentes. Para un humano normal que tuviera la mala suerte de rondar por el lugar en aquel momento, sería como ver un show de fuegos artificiales demasiado cerca; su velocidad era imposible de captar por el ojo humano y solo eran visibles los choques de su espada aquí y allá, sacando chispas y rasgando partes de su vestimenta al ser alcanzados por poco con el filo de la misma. Sin embargo, había un detalle que no había previsto y que cada vez se veía más notorio: la luna comenzaba a ser cubierta… y su cansancio a aumentar. Aquel año había sido y seguía siendo el elegido por los astros para cubrirse mutuamente una y otra vez, coincidencia o no y aunque no fuera estrictamente necesario, el brillo de la luna solía incrementar en demasía su fuerza y habilidades, era algo de la familia, su propio talismán heredado como único recuerdo de su madre que no había vuelto a ver nunca más (sin saber exactamente si se encontraba en la tierra o en el infierno) tenía forma de luna creciente y en aquel momento se opacaba tanto como la oscura noche cernida sobre ellos.

Podía notarlo, era consciente de que tanto su propio cuerpo como el de su padre mostraban signos de cansancio, era la primera vez que mantenía una lucha de igual a igual y se sentía orgulloso de sí mismo al no haber terminado barriendo el suelo en los ya varios minutos de lucha que llevaban teniendo, pero rendirse o retirarse no era opción, incluso aunque lo único que la oscuridad le dejaba ver eran los carmesí orbes de su padre que siempre lo habían atormentado.

—Estás cansado, Dämon.. ¿Cuánto más serás capaz de soportar sin perecer..? —la voz burlona de su padre pareció sonar dentro de su propia cabeza, gruñendo por lo bajo al notar que efectivamente, estaba usando esa táctica contra él, utilizando su enfoque en expulsarlo de su mente pero sin perder lo alerta ante el hecho de que podía volver a ser atacado en cualquier momento.— Quieres matarme, ¿huh?.. ¿Y si yo lo mato primero?

El aire dejó de ingresar a sus pulmones y su cuerpo se paralizó al entender la referencia oculta detrás de sus palabras, escuchando la carcajada sonora de su padre resonar por todo el lugar como si hubiera sido atrapado en una de esas habituales películas de terror.

—No llegarás a ponerle un solo dedo encima, no te dejaré.. te destruiré antes de que sigas fanfarroneando.

Ahora que su padre estaba al tanto de su punto débil, tenía que ser idiota para ignorar que no lo usaría en su contra por lo que prácticamente fue inevitable no empezar a sentir el habitual temblor recorrer su cuerpo por completo al tiempo que la luna volvía a ser descubierta poco a poco, sus facciones comenzando a tomar forma menos humanas, sus marcas en las mejillas formándose y el símbolo de la luna en la frente notándose cada vez más, corriendo por su sangre aquella esencia puramente instintiva y animal que vivía en él al mostrar su verdadera forma de manera cada vez más evidente.

Lo siguiente, fue casi demasiado rápido incluso para sus propios agudos sentidos.

Pudo verlo, pudo ver el refulgir del miedo destellando en los ojos de su padre, pudo sentir como no se esperaba que controlara tan bien su transformación como para hacerlo cada que quisiera, pudo notarlo dubitar por primera vez desde que lo llevaba conociendo, incrementando esto su propia confianza, sin pasar por su mente que por alguna extraña razón, él no estaba contraatacando de la misma forma… hasta que ocurrió. En una fracción de segundo, sus propios orbes se abrieron en demasía y una mezcla de grito y gruñido inundó el aire junto con el olor de la sangre… de su propia sangre.

Se había confiado, tanto que no pudo esquivar el golpe con el que su padre arremetió, atravesándole el pecho con su espada embebida en veneno. El dolor era punzante y podía sentir el líquido caliente deslizándose por su cuerpo, expulsándose por sus propios labios. Sabía que la transformación ya no estaba sucediendo, sabía que volvía a cargar la imagen de siempre, lanzando otro grito desgarrador al su padre hundir aún más la espada, escuchando el sonido de la carne ser atravesada e incluso quemada.

—Entonces… mejor me deshago de ti primero.

El susurro del demonio mayor fue lo último que escuchó antes de ser lanzado al suelo, su mirada clavada en el destello de las estrellas sobre él, sus oídos pitando, su respiración menguando cada vez más en lo que sentía pasos alejarse cada vez más de su posición. Dicen que cuando estas a punto de morir ves tu vida entera pasar frente a tus ojos y él quería en ese momento ser capaz de ver cierta sonrisa.. sin embargo, la realidad era otra, sus músculos no reaccionaban aun si el dolor que estaba sintiendo era demasiado intenso, su sangre comenzaba a mojar por completo el césped debajo suyo y sus ojos pudieron tan solo vislumbrar una vez más aquel gigante astro antes de ser absorbido por la más profunda oscuridad.